21 septiembre 2006

Lost Park, la fusión

Desde aquí nos declaramos fans acérrimos de dos series totalmente distintas.

Por un lado, Perdidos, la serie con más cliffhangers que un servidor conoce (exceptuando la otra creación del señor JJ Abrams, Alias, también altamente recomendable recomendable). Quizá los guionistas nunca sepan desentrañar el nudo inextricable en el que se ha convertido la trama, cuya única aspiración ya parece ser epatar y enganchar al público. Es posible. Pero, aún así, no recuerdo haber permanecido toda una noche viendo espisodios de la susodicha, dando saltos de emoción en el sofá: ¿qué esconde la escotilla? ¿Qué son los números? ¿Qué arcanos objetivos busca Dharma? ¿Quién es el millonario filántropo Alvar Hanso? Hemos reído, hemos llorado, nos hemos quedado patidifusos ante las continuas vueltas de tuerca (que no tienen nada que envidiar a las del señor M Night Shyamalan). Con eso tengo más que suficiente, ya me ha dado mucho más que cualquier película de los últimos años. Personalmente, espero con ansia y reverencia la tercera temporada, que según lo previsto se estrenará en EEUU dentro de un par de semanas. Descorcharé las palomitas y disfrutaré, estoy seguro.

La otra serie que viene a colación es una de las más ácidas, divertidas, irreverentes y, a su vez, filosóficamente impecable serie de animación de los últimos tiempos (con permiso de Futurama, Padre de familia y Padre made in Usa): South Park. Parece que, como el vino, temporada tras temporada se superan. En un episodio pueden tratar la pederastía, en el otro, la creencia en Dios, y en el siguiente, un anílisis concienzudo de las flatulencias. Todo entra en la coctelera. Y el resultado, cuando menos, siempre produce carcajadas, amén de algún que otra reflexión profunda. Ah, y no olvidemos a Cartman, uno de los personajes más destroyers de la historia de la televisión, en la línea de Stewie, Bender o el señor Burns.

Así que no por más que rendirme a la siguiente hibridación entre los personajes de Perdidos y los de South Park. ¡Qué grande!

La imágen de marras.

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