06 julio 2006

"La moleskine" gana un premio

El pasado jueves 29 de junio, la novela La moleskine resultó ganadora del V Certamen Nacional de Narrativa Caja Castilla la Mancha "Valentín García Yebra". La ceremonia de entrega se celebró en el Teatro Auditorio Buero Vallejo de Guadalajara, y el premio fue entregado por Valentín García Yebra, de la RAE, y la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega. El premio consistió en un diploma, una escultura, 3.ooo euros y la futura edición de la novela.

Pero vayamos al meollo. He asistido, afortunadamente, a diversas entregas de premios, y ésta me ha parecido la más lujosa. Aún no he digerido la envergadura de un premio así, la verdad; y menos aún con una novela que yo consideraba tan mínima, tan humilde, que se limita a describir la relación espistolar entre dos mujeres: una, el paradigma del conservadurismo. La otra, el epítome de la iconoclasia.

Después de una largo viaje en coche desde Barcelona, deambulamos por Guadalajara con ánimo turístico. Una hora antes de la entrega de premios, nos personamos en el auditorio y entonces empezamos a percatarnos de la dimensión del evento. Varias televisiones (TVE incluida), docenas de periodistas y fotógrafos, cientos de personas, policía, agentes de paisano, seguridad y muchas, muchas corbatas. Debí causar sensación, porque mi atuendo era de lo más informal.

Al poco tiempo, tras presentarme a decenas de personas, entre ellas los galardonados con otro premio a toda la carrera (uno de ellos, un sacerdote, me interrogó acerca del argumento de mi novela, y yo tuve a bien ocultarle que se trababa de una relación lésbica), al poco, digo, llegó la marabunta. Un puñado de periodistas, flashes, hombres de negro con hechuras de armarios roperos. Todo el mundo rodeando a una figura menuda, de ropas chillonas: María Teresa Fernández de la Vega. Tragué saliva. Tuvimos, los organizadores y los premiados, que alinearnos como si fuéramos a recibir al Rey. Y, entonces, fue pasando por delante de nosotros, uno a uno, saludando y diciendo algunas palabras. Yo estaba en último lugar. Y allí se quedó más tiempo. Se sorprendió de mi juventud, y estuvimos un rato hablando sobre la novela.... aunque creo que lo que en verdad le sorprendió muy mi falta de protocolo y mi ropa de calle. Fue divertido.

Luego pasé el peor rato del día. La entrega de premio encima del escenario, ante la mirada de todo el mundo. Un presentador dio paso a los galardonados. Todos ellos, sacerdote incluido, se pusieron ante el atril y el micrófono y declamaron discursos aprendidos de memoria, llenos de adjetivos, enfáticos, protocolarios, bellísimos. La gente aplaudía y la vicepresidenta asentía con la cabeza. A esas alturas, lo prometo, lo juro y perjuro, yo estaba ahí sentado, amasándome las manos, y todavía no había pensado qué iba a decir. No había preparado nada, no sé por qué. Fue como si me diera más apuro decir algo de memoria que quedar en evidencia porque no sé hablar en público. De hecho, empecé a bromear mentalmente conmigo mismo mientras la gente se alargaba con sus discursos aburridos y meándricos. Me decía, entre chuflas y veras, va, Sergio, ahora dirás que te vas a fundir la pasta del premio y que hale, buenos días, buenas tardes y buenas noches, y entonces harás mutis por el foro dejando al auditorio enmudecido de estupor. Otra parte de mí, la más cabal, no se podía creer que tuviera ganas de bromear en aquellos momentos críticos, cuando sólo faltaban minutos para hacer el ridículo frente a tanta corbata y tanta deferencia de cartón piedra. Al final, segundos antes, medio hilvané cuatro ideas y eso fue lo que dije. Pasé por la mesa, recogí los premios de la mano de la vicepresidenta y de un enjuto y vetusto Valentín García Yebra (si me hubieran dicho que tiene 190 años, me lo creo), me puse ante el micrófono y pronuncié mi primera frase triunfal: Bueno, me parece que se me da mejor escribir que hablar en público. Luego, todo fluyo de manera bastante natural y los nervios se desvanecieron a medida que avanzaba por el discurso.

Luego volví a tener un intercambio de impresiones con la vicepresidenta (ella había pronunciado un largo discurso panfletario pero prefirió continuar hablando de mi novela) ante la atenta mirada de Seguridad. Nos despedimos de ella. Y accedimos a una sala interior donde se celebraba un lujoso cóctel. Sí, de los de camareros de punta en blanco paseando bebidas y canapés exquisitos en sus bandejas. Allí me presentaron a más personas, gente importante, creo recordar. También me abordaron miembros del jurado para felicitarme y simples asistentes del público, para mostrar su interés por leer la novela en breve.

Comí y bebí lo que pude y, efectivamente, hicimos mutis por el foro: nos esperaban otras 6 horas de viaje hasta casa.

Y, para rematar, copio lo que el jurado dijo de la novela: La Moleskine, narra la amistad que se va construyendo merced a una correspondencia electrónica entre unaprostituta que trabaja en una universidad norteamericana y una chica española. Las diversas experiencias de ambas dan lugar a una trama que acabará con la gula de una y la emigración de la otra, reunidas finalmente en una relación de amor. Escrita con gran destreza, entre sus recursos sobresalen el sentido del humor y el ahondamiento psicológico conque el autor destaca a sus personajes.

Para finales de año, si todo marcha bien, aparecerá editada, probablemente, en Editorial Nostrum.


Comments:
Madre mía Sergio, que notícias traes. Lo de Bitis y La moleskine. No puedo hacer otra cosa que darte la enhorabuena. El argumento de las dos parece interesante, ciertamente.

Bitis parece un buen ejemplo de como se desaprovecha el actual potencial, una exageración del presente para evidenciar de forma clara nuestro desacertado rumbo. ¿Me equivoco?

Lo del discurso es bastante gracioso. No sé como resultó finalmente, pero el de "te vas a fundir la pasta del premio y que hale, buenos días, buenas tardes y buenas noches" no me parece del todo mal candidato. Alguna crítica al mitin panfletario de Fernández de la Vega o a la flamante ley de propiedad intelectual, no hubiese estado nada mal, tampoco.

Pero como supongo que aun deseas seguir ganando premios, hicistes bien en censurarte. Quizás cuando puedas elegir editorial...

Bueno, un saludo y reitero mis felicitaciones.

PD: Por cierto, he descubierto un servicio interesante, quiźas lo conozcas: http://www.lulu.com/es. Una forma de abandonar la tiranía...
PD2: Pronto te escribiré.
 
Qué tal, señor Uceda? Gracias por tus felicitaciones, aunque la suerte y la insistencia son los factores preponderantes en este caso. (Falta el enchufe, pero como no tengo, nada).

Ciertamente no te equivocas, "Bitis" representa eso, entre otras cosas. Pero no se pueden pedir peras al olmo, como se dice.

Sobre lo del discurso, y en retrospectiva, te doy toda la razón. Espero tener bemoles, la próxima vez, y también más seguridad en mi mismo. En fin, poco a poco... ya llegará el tiempo en el que pueda decir las cosas tal y como las pienso en una reunión íntima de café. Y quedarme tan ancho.

No conocía el servicio que mencionas, pero sí muchos similares. Me temo que la tiranía no la constituye tanto la editorial como las distribuidoras. Ellas son las que realmente controlan el cotarro. Como muestra, un botón: próximamente publicaré "Jitanjáfora" en una editorial que está encantada con la idea de editar una versión copyleft por Internet. Pero surgió un escollo insalvable: la distribuidora digo que nanai, y sólo se avino a hacer el experimento después de 1 o 2 meses de la salida en papel de la novela. Lo mismo sucede en el cine, por ejemplo. Puedes publicar todas las novelas que quieras audoeditadas, pero si no te distribuyen físicamente en las tiendas, la cosa no funciona. Y la venta a través de Internet de libros sigue siendo una entelequia, a no ser que cuentes con una campaña publicitaria ostentosa o tu nombre reluzca en oro por algún motivo (haber salido en OT, por ejemplo).

Y espero tus enjundiosos correos, y espero que pronto podamos hacer un café para hablar de física y otras cosillas.

Un saludo.
 
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