15 marzo 2006
Unas pinceladas sobre las modas (y ciencia)
Le doy la palabra a la divertidísima Connie Willis, una entrañable mujer de barrio residencial y aspecto mundano que, cosas de la vida, se dedica a escribir ciencia ficción en sus ratos libres. De su novela Oveja Mansa:
Es casi imposible señalar el comienzo de una moda. Para cuando empieza a reconocerse como tal, sus orígenes se pierden en el pasado, y tratar de localizarlos es exponencialmente más difícil que, pongamos por caso, buscar las fuentes del Nilo.
En primer lugar, probablemente haya más de una fuente. En segundo lugar, estás tratando con la conducta humana; Speke y Burton sólo tuvieron que enfrentarse a cocodrilos, rápidos, y la mosca tsetsé. En tercer lugar, sabemos algunas cosas sobre los ríos (por ejemplo, que fluyen cuesta abajo), pero las modas parecen brotar creciditas de la nada y sin ningún motivo aparente. Vean si no el caso del puenting. O el de las lámparas de Java.
Lo mismo pasa con los descubrimientos científicos. A la gente le gusta considerar la ciencia como algo racional y razonable, que avanza paso a paso, de la hipótesis al experimento y por último a las conclusiones. El doctor Chin, el ganador de la beca Niebnitz del año pasado, escribió: <>.
Nada más lejos de la verdad. El proceso científico es exactamente igual que cualquier otra empresa humana: complicado, azaroso y mal dirigido, y depende enormemente de la casualidad.
Fíjense en Alexander Fleming, que descubrió la penicilina cuando una espora entró por la ventana de su laboratorio y contaminió uno de sus cultivos.
O en Roentgen. Estaba trabajando con un tuvo de rayos catódicos rodeado de planchas de cartón negro cuando vio un parpadeo de luz al otro lado de su laboratorio. Una hoja de papel cubierta de patinocianuro de bario fosforescía, aunque estaba aislada del tubo. Curioso; extendió la mano y la colocó entre el tubo y la pantalla. Y vio la sombra de los huesos de su mano.
Fíjense en Galvani, que estaba estudiando el sistema nervioso de las ranas cuando descubrió la corriente eléctrica. O Messier. No estaba buscando galaxias cuando las descubrió. Buscaba cometas. Sólo las cartografió porque intentaba deshacerse de una molestia.
Nada de eso hace que el doctor Chin no merezca el millón de dólares de la beca Niebnitz. No es necesario comprender cómo funciona algo para hacerlo. Es el caso de conducir. Y del inicio de las modas. Y de enamorarse.
Es casi imposible señalar el comienzo de una moda. Para cuando empieza a reconocerse como tal, sus orígenes se pierden en el pasado, y tratar de localizarlos es exponencialmente más difícil que, pongamos por caso, buscar las fuentes del Nilo.
En primer lugar, probablemente haya más de una fuente. En segundo lugar, estás tratando con la conducta humana; Speke y Burton sólo tuvieron que enfrentarse a cocodrilos, rápidos, y la mosca tsetsé. En tercer lugar, sabemos algunas cosas sobre los ríos (por ejemplo, que fluyen cuesta abajo), pero las modas parecen brotar creciditas de la nada y sin ningún motivo aparente. Vean si no el caso del puenting. O el de las lámparas de Java.
Lo mismo pasa con los descubrimientos científicos. A la gente le gusta considerar la ciencia como algo racional y razonable, que avanza paso a paso, de la hipótesis al experimento y por último a las conclusiones. El doctor Chin, el ganador de la beca Niebnitz del año pasado, escribió: <
Nada más lejos de la verdad. El proceso científico es exactamente igual que cualquier otra empresa humana: complicado, azaroso y mal dirigido, y depende enormemente de la casualidad.
Fíjense en Alexander Fleming, que descubrió la penicilina cuando una espora entró por la ventana de su laboratorio y contaminió uno de sus cultivos.
O en Roentgen. Estaba trabajando con un tuvo de rayos catódicos rodeado de planchas de cartón negro cuando vio un parpadeo de luz al otro lado de su laboratorio. Una hoja de papel cubierta de patinocianuro de bario fosforescía, aunque estaba aislada del tubo. Curioso; extendió la mano y la colocó entre el tubo y la pantalla. Y vio la sombra de los huesos de su mano.
Fíjense en Galvani, que estaba estudiando el sistema nervioso de las ranas cuando descubrió la corriente eléctrica. O Messier. No estaba buscando galaxias cuando las descubrió. Buscaba cometas. Sólo las cartografió porque intentaba deshacerse de una molestia.
Nada de eso hace que el doctor Chin no merezca el millón de dólares de la beca Niebnitz. No es necesario comprender cómo funciona algo para hacerlo. Es el caso de conducir. Y del inicio de las modas. Y de enamorarse.
Comments:
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Muy buenas, Sergio.
No estoy muy de acuerdo con Connie Willis.
Algunas modas son complicadas de descubrir sus fuentes pero, en cambio, otras son evidentes (sobre todo ahora que vienen impuestas por campañas de mercadotecnia). Y las que resultan complicadas, muy
no se fundamenta en ella. La suerte puede que nos empuje pero es la razón la que conduce.
Y el último comentario de "No es necesario comprender cómo funciona algo para hacerlo" es relativo. Porque nuestro hacer en parte se ve límitado por nuestro conocimiento. Si conociésemos el funcionamiento de un coche podríamos actuar de cierta forma en algunas situaciones que de otra manera no sabríamos como resolver o, simplemente, resolveríamos mal.
Bueno, son sólo matices.
Nos leemos (aunque de mí poco se pueda)
Un saludo.
No estoy muy de acuerdo con Connie Willis.
Algunas modas son complicadas de descubrir sus fuentes pero, en cambio, otras son evidentes (sobre todo ahora que vienen impuestas por campañas de mercadotecnia). Y las que resultan complicadas, muy
no se fundamenta en ella. La suerte puede que nos empuje pero es la razón la que conduce.
Y el último comentario de "No es necesario comprender cómo funciona algo para hacerlo" es relativo. Porque nuestro hacer en parte se ve límitado por nuestro conocimiento. Si conociésemos el funcionamiento de un coche podríamos actuar de cierta forma en algunas situaciones que de otra manera no sabríamos como resolver o, simplemente, resolveríamos mal.
Bueno, son sólo matices.
Nos leemos (aunque de mí poco se pueda)
Un saludo.
Creo que si se usase la razón tanto como tú dices, ciertas modas nunca llegarían a imponerse (como las medias de rejilla). Es esa falta de introspección humana la que hace que la "sinrazón" de los impulsores de estas mega campañas de marketing (super cool-hunters) se imponga sobre la masa de fuenteovejuna.
Aunque me esté mal decirlo, pues tengo una necesidad obsesiva de saber el porqué de todas las cosas, hacerlo es algo tan exhaustivo que los simples mortales tendemos a desconectar el cable y nos entregamos al imperio de los sentidos. Por lo tanto sí que se puede comprender el funcionamiento de algo pero no es absolutamente necesario hacerlo, ya que, seguramente, si desentrañásemos las profundidades de algo cotidiano (como lo que enumenra Connie Willis)seguramente se nos pasarían las ganas de usarlo.
Aunque me esté mal decirlo, pues tengo una necesidad obsesiva de saber el porqué de todas las cosas, hacerlo es algo tan exhaustivo que los simples mortales tendemos a desconectar el cable y nos entregamos al imperio de los sentidos. Por lo tanto sí que se puede comprender el funcionamiento de algo pero no es absolutamente necesario hacerlo, ya que, seguramente, si desentrañásemos las profundidades de algo cotidiano (como lo que enumenra Connie Willis)seguramente se nos pasarían las ganas de usarlo.
Bienvenido, Brújulo: Veamos, por lo que yo sé el marketing no es una ciencia exacta. Si forjar una moda o un estilo fuera tan sencillo, los bancos también invertirían en ello como invierten en ladrillo. Grandes operaciones de mercadotecnia han quedado en nada. Descubrir el origen de una moda, pues, es casi como descubrir el origen de un meme. Imagino que en ello está implicada la teoría del caos, así que imagínate. Varios focos, imbricaciones, contagios, más imbricaciones inextricables, la voz de alguna autoridad o alguna celebridad que da un empujoncito más. Está claro que las gafas oscuras que se pusieron tan de moda cuando se las calzó Tom Cruise en "Risky Business" se pusieron de moda porque él se las calzó en la película, lo que no está tan claro es por qué funcionó esa tendencias y no otras, por qué se propagó tan fácilmente. Seguramente, existían otras circunstancias coadyuvantes que ni el estudio sociológico más profundo pueda desvelarnos. Creo que Willis, sin ánimo de interpretarla demasiado, se refería a eso cuando hablaba de "fuentes".
De todas formas, "Oveja Mansa" sólo es una novela. Lo que dice Willis también forma parte de la ficción, y seguramente su reflexión (además de ser poco ponderada, para no entorpecer el argumento) sólo buscaba redondear el mensaje del libro. Como dije en el título, sólo era un "pincelada".
De todas formas, "Oveja Mansa" sólo es una novela. Lo que dice Willis también forma parte de la ficción, y seguramente su reflexión (además de ser poco ponderada, para no entorpecer el argumento) sólo buscaba redondear el mensaje del libro. Como dije en el título, sólo era un "pincelada".
Y sobre lo de que "no es necesario comprender cómo funciona algo para hacerlo" (y, de paso, enlazando por lo comentado por IC, pues en efecto, tienes razón, si conocemos los entresijos de algo podríamos salir airosos de ciertas situaciones. Pero, de nuevo interpretando a Willis, creo que simplemente dice "no es necesario, sin negar que sería preferible comprenderlas".
De todas formas, si contextualizamos la afirmación en el texto, fíjate que es relativa a la serendipia de los descubrimientos científicos. Porque muchos de ellos se producen por el azar, sin comprender muy bien cómo funcionan. Luego, claro está, viene la parte de investigación minuciosa para descubrir cómo funciona el fenómeno. Pero el descubrimiento no funciona en dirección "estudio-descubrimiento" sino "descubrimiento-estudio". Por tanto, "para hacer algo" no es necesario comprenderlo (aunque a posteriori sea recomendable, e incluso imprescindible)
Saludos a ambos.
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De todas formas, si contextualizamos la afirmación en el texto, fíjate que es relativa a la serendipia de los descubrimientos científicos. Porque muchos de ellos se producen por el azar, sin comprender muy bien cómo funcionan. Luego, claro está, viene la parte de investigación minuciosa para descubrir cómo funciona el fenómeno. Pero el descubrimiento no funciona en dirección "estudio-descubrimiento" sino "descubrimiento-estudio". Por tanto, "para hacer algo" no es necesario comprenderlo (aunque a posteriori sea recomendable, e incluso imprescindible)
Saludos a ambos.
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