18 marzo 2006

El despertador del cerebro

Es curioso. Ayer era viernes y estaba agotado. Arrastraba un déficit de sueño considerable y tenía la intención de hacer una maratón de sueño para recuperarme. Sin embargo, me ocurre algo que nunca he entendido: cuando llevo más de 24 horas sin dormir, luego no consigo dormir del tirón más de 3 o 4 horas. Como si mi cuerpo ya se hubiera acostumbrado a vivir en una perpetua vigilia. O, si llevo una temporada levantándome cada día a la misma hora, cuando por fin puedo dormir a pierna suelta, me despierto a la misma hora aunque haya desconectado la terebrante alarma pulsátil del despertador.

Así que esta mañana, a pesar de desear con todas mis fuerzas dormir y dormir, a pesar de que mi cuerpo pedía a gritos una ración extra de cama, me he levantado a la misma hora de siempre. Sí, como si el cerebro dispusiera de su propio despertador.

Esto me recuerda a un magistral fragmento de El misterio de la cripta embrujada, de Eduardo Mendoza (un autor, dicha sea de paso, que me encanta, pero que años ha me sustrajo algo más de 4 millones de las antiguas pesetas: algún día me atreveré a explicar cómo). Me hizo muchísima gracia en su día (el fragmento, no la sustracción de los 4 millones), y hoy me sigue pareciendo una excelente síntesis psicológica de nuestro subconsciente:

Con este consuelo me metí en la cama y traté de dormirme repitiendo para mis adentros la hora en que quería despertarme, pues sé que el subconsciente, además de desvirtuar nuestra infancia, tergiversar nuestros afectos, recordarnos lo que ansiamos olvidar, revelarnos nuestra abyecta condición y destrozarnos, en suma, la vida, cuando se le antoja y a modo de compensación, hace las veces de despertador.

Aún sigo leyendo a Mendoza. Aún me gusta. Pero deja en evidencia que no es muy buena idea saber demasiado de la vida personal de ese autor que tanto nos gusta. Por esa razón, hace tiempo que separé las creaciones artísticas del autor. Del autor sólo me importa su nombre, algo que consigne (y, en cierta medida, avale) que volveré a disfrutar de una obra. Si luego me cuentan que tal o cual artista es también un asesino en serie o un pederasta reincidente, no me importa. No me incumbe. Por eso aún sigo leyendo a Mendoza. Y aún me gusta.

Comments:
es curioso ese fragmeto de E. Mendoza aparece en el prologo de Polaroid del escritor gallego Suso de Toro
gracias a ti pude saber el autor de dicho fragmento al buscar en google
gracias
(supuse q a cualquiera le haria ilusión)
 
podrías contar los de los millones?
 
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